Alicante

La Costa Blanca: sol, calas de aguas turquesas, pueblos con encanto y el mayor palmeral de Europa.

La Costa Blanca

La provincia de Alicante alberga la Costa Blanca, uno de los destinos turísticos más reconocidos del Mediterráneo. Con más de 200 kilómetros de litoral, la Costa Blanca debe su nombre a la luminosidad de sus playas de arena clara y a los acantilados calizos que se recortan contra el cielo azul. La región registra una media de 320 días de sol al año y unas temperaturas que rara vez descienden por debajo de los 10 °C en invierno, lo que la convierte en un destino atractivo durante los doce meses.

La Costa Blanca concentra una de las mayores densidades turísticas de Europa, con una infraestructura de hoteles, apartamentos y servicios que atiende a millones de visitantes nacionales e internacionales cada año. No obstante, conserva también tramos costeros vírgenes, calas escondidas y fondos marinos protegidos que permiten disfrutar de la naturaleza en estado puro.

Principales destinos costeros

Benidorm

Benidorm es el gran referente del turismo de sol y playa en la costa mediterránea española. Sus dos grandes playas —Levante y Poniente— forman bahías perfectas de arena fina separadas por el emblemático Balcón del Mediterráneo, un mirador que ofrece vistas de toda la línea costera. La ciudad cuenta con la mayor concentración de rascacielos por habitante de Europa y una oferta de ocio que abarca desde parques temáticos como Terra Mítica y Aqualandia hasta espectáculos, discotecas y una amplia escena gastronómica.

Altea

A pocos kilómetros al norte de Benidorm, Altea es su contrapunto: un pueblo de casas blancas coronado por la cúpula azul de su iglesia, con calles empedradas que descienden hasta un paseo marítimo tranquilo. Altea es la capital cultural de la Costa Blanca, con galerías de arte, talleres de artesanos y una comunidad internacional de artistas que eligieron este rincón por su luz y su calma.

Calpe

El Peñón de Ifach, una mole calcárea de 332 metros que se alza verticalmente sobre el mar, es el símbolo de Calpe y uno de los hitos paisajísticos más reconocibles de la costa española. Declarado Parque Natural, alberga más de 300 especies vegetales y es punto de nidificación del halcón peregrino. A sus pies, las playas del Arenal-Bol y de la Fossa ofrecen aguas transparentes con el peñón como telón de fondo.

Dénia

Dénia, situada al norte de la provincia, es la puerta marítima a las islas Baleares gracias a sus conexiones regulares por ferri con Ibiza, Mallorca y Formentera. Su castillo domina una bahía donde se alternan playas de arena —Las Marinas— y acantilados con calas —Les Rotes—. En 2015, Dénia fue declarada Ciudad Creativa de la Gastronomía por la UNESCO, un reconocimiento a su tradición culinaria basada en la gamba roja, el arroz a banda y los productos de la huerta de la Marina Alta.

Jávea (Xàbia)

Jávea combina tres paisajes en un solo municipio: un casco histórico amurallado de piedra tosca, un puerto pesquero con lonja activa y una sucesión de calas rocosas y playas de guijarros dominadas por el cabo de la Nao. El Arenal, su playa más céntrica, y las calas de Granadella y Ambolo figuran entre las más bellas de la Comunitat Valenciana.

El Palmeral de Elche

En el interior de la provincia, la ciudad de Elche alberga el mayor palmeral de Europa con más de 200.000 ejemplares de palmera datilera. Este bosque de palmas, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000, tiene su origen en las plantaciones que los árabes establecieron durante la dominación musulmana de la Península.

El Huerto del Cura, un jardín artístico dentro del palmeral, es el espacio más visitado: su Palmera Imperial, un ejemplar de siete brazos que nace de un único tronco, se ha convertido en símbolo de la ciudad. Elche es también la sede del Misteri d'Elx, un drama sacro-lírico del siglo XV que se representa cada agosto en la Basílica de Santa María y que fue declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

La ciudad de Alicante

La capital provincial se organiza en torno al Castillo de Santa Bárbara, una fortaleza que corona el monte Benacantil a 166 metros sobre el nivel del mar y ofrece vistas panorámicas del puerto, la ciudad y la isla de Tabarca. La Explanada de España, un paseo de mosaico ondulado flanqueado por palmeras, es el centro de la vida social alicantina. El barrio de Santa Cruz, con sus casas encaladas y macetas coloridas, recuerda la estética de los pueblos andaluces.

Alicante es puerta de entrada a la isla de Tabarca, la única isla habitada de la Comunitat Valenciana, declarada Reserva Marina del Mediterráneo. Un corto trayecto en barco desde el puerto de Alicante o Santa Pola permite llegar a sus aguas cristalinas y su casco amurallado del siglo XVIII.

El interior alicantino

Lejos de la costa, la provincia de Alicante esconde valles montañosos y pueblos de tradición agrícola. La Sierra de Aitana, con sus 1.558 metros, es la cumbre más alta de la provincia. Los pueblos de Guadalest, encaramado en un peñasco sobre un embalse turquesa, y Villena, con su castillo de la Atalaya, son destinos imprescindibles para quienes desean descubrir la otra cara de la Costa Blanca, alejada del bullicio costero y rica en patrimonio rural.